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Tema 4.1

Peligros físicos

4.1 Peligros físicos

Tras examinar en el módulo anterior los peligros químicos para la seguridad alimentaria, el módulo actual aborda los peligros físicos, una categoría distinta pero igualmente crítica en los establecimientos de almacenamiento. Los peligros físicos son objetos o sustancias extrañas presentes en los alimentos que pueden causar daño físico al consumidor, desde lesiones bucales hasta asfixia. A diferencia de los peligros químicos que actúan a nivel tóxico o nutricional, los peligros físicos representan un riesgo inmediato y evidente, lo que explica por qué constituyen una prioridad absoluta en los planes de control de establecimientos de almacenamiento de alimentos en toda la Unión Europea. Este apartado introduce la tipología de peligros físicos, sus fuentes principales en el contexto del almacenamiento y la importancia de su gestión preventiva.

Tipos de peligros físicos

Los peligros físicos pueden clasificarse según su origen. Los peligros físicos inherentes son aquellos que pueden estar naturalmente presentes en ciertos alimentos sin procesamiento: huesos en productos cárnicos, semillas grandes en frutas, espinas en pescados. Los peligros físicos introducidos accidentalmente durante la producción incluyen fragmentos de vidrio procedentes de roturas de botellas, fragmentos metálicos de maquinaria defectuosa, restos de plástico de empaques dañados o trozos de madera de cajas. Los peligros físicos introducidos de forma deliberada son excepcionales pero representan un riesgo en contextos de sabotaje, siendo especialmente preocupantes en establecimientos de almacenamiento donde múltiples proveedores y trabajadores tienen acceso.

Desde la perspectiva del almacenamiento, es fundamental distinguir entre peligros que pueden estar presentes en la mercancía al recibirla (peligros preexistentes) y aquellos que el almacén mismo puede introducir durante el almacenamiento, el manejo o el transporte interno. Por ejemplo, un almacén puede recibir botellas de vino sin fragmentos de vidrio, pero generar estos fragmentos si las estibas de botellas se caen o si se produce fricción excesiva durante movimientos de mercancía.

Fuentes principales de peligros físicos en almacenamiento

El almacenamiento de alimentos presenta fuentes específicas de peligros físicos derivadas de su naturaleza como actividad logística. Las estructuras de estanterías y palets pueden soltar tornillos, remaches o fragmentos de metal si están mal mantenidas. Los sistemas de manipulación como carretillas elevadoras generan riesgo de rozamiento y desgaste que desprenden partículas metálicas. Los empaques primarios (cajas de cartón, contenedores de plástico, botellas) pueden deteriorarse durante el almacenamiento prolongado, especialmente en condiciones de humedad inapropiada, desprendiendo fragmentos. Los sistemas de aire acondicionado y refrigeración pueden desprender aislamiento, óxido de superficies metálicas o fragmentos de estructuras envejecidas. La fauna no controlada (plagas) puede dejar excrementos que, aunque químicos, pueden considerarse contaminantes físicos si son grandes.

La actividad humana es otra fuente significativa: rotura de vidrios en oficinas o salas de descanso del personal, desprendimiento de botones de uniformes, pérdida de objetos personales como monedas o joyas en el área de manipulación. La combinación de todos estos riesgos explica por qué los planes de control de peligros físicos en almacenes de alimentos requieren una aproximación sistemática y multidimensional.

Severidad y probabilidad de los peligros físicos

Evaluación según el análisis de peligros y puntos críticos de control (APPCC), los peligros físicos suelen clasificarse como peligros significativos o críticos dependiendo de su naturaleza. Un fragmento de vidrio de más de 2 milímetros es prácticamente indetectable en la mayoría de alimentos y puede causar lesiones graves en boca, garganta o sistema digestivo, por lo que se considera crítico. Un hueso de 1 centímetro en una mermelada tiene probabilidad muy baja de alcanzar al consumidor si el almacén verifica correctamente el etiquetado de origen, y puede considerarse significativo pero no crítico. Una piedra pequeña en legumbres secas tiene probabilidad moderada de llegar al consumidor, pero daño potencial muy alto (rotura de dientes), siendo crítica.

Esta evaluación de severidad y probabilidad debe realizarse para cada tipo de producto almacenado, considerando las características específicas del establecimiento. Un almacén de bebidas alcohólicas y zumos tiene riesgo elevado de vidrio; un almacén de alimentos secos tiene riesgo moderado de piedras; un almacén de productos congelados tiene riesgo bajo de fauna pero riesgo moderado de fragmentos metálicos de equipos refrigerados.

Caso práctico: Identificación de fuentes de riesgo en almacén mixto

Considera un establecimiento de almacenamiento mediano ubicado en el puerto de Barcelona que maneja simultáneamente bebidas, frutas desecadas, productos cárnicos congelados y legumbres. El responsable de seguridad alimentaria realiza una auditoría interna y detecta: (1) Estanterías metálicas con oxidación superficial en la zona de bebidas por proximidad a la zona de refrigeración con fugas de humedad; (2) Empaques de frutas desecadas con roturas en las esquinas tras meses de almacenamiento, visibles fragmentos de plástico; (3) Carretillas elevadoras mostrando signos de desgaste, con partes sueltas; (4) Ausencia de protecciones en tuberías de aire acondicionado, con riesgo de caída de aislamiento; (5) Botellas de vidrio en zona de bebidas almacenadas con altura excesiva sin contención adecuada.

El responsable implementa acciones correctoras inmediatas: tratamiento anticorrosión en estanterías, cambio de empaques deteriorados, mantenimiento preventivo de carretillas, protección de tuberías, y reorganización de alturas de almacenamiento de botellas con sistemas de contención. Estos cambios reducen significativamente la probabilidad de introducción de peligros físicos durante la manipulación almacenada.

Legislación y normativa sobre peligros físicos

El Reglamento (CE) 852/2004 requiere que los establecimientos de almacenamiento implementen procedimientos para prevenir contaminación física de alimentos. El Reglamento (CE) 178/2002 establece trazabilidad de la contaminación física para permitir retiradas rápidas de mercancía. La normativa española, mediante la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), proporciona orientaciones específicas sobre el control de peligros físicos. En caso de incidente, el Reglamento sobre Procedimientos de Alerta Rápida (RASFF) requiere notificación inmediata a autoridades si se detecta contaminación física.

Ideas clave

  • Los peligros físicos incluyen objetos extraños (vidrio, metal, plástico, madera) y sustancias naturales (huesos, semillas) que pueden causar daño directo al consumidor.
  • En almacenes, los peligros físicos proceden de deterioro de estructuras e equipos, rotura de empaques, actividad humana, y en menor medida, fauna no controlada.
  • La evaluación del riesgo debe considerar tanto la severidad potencial del daño como la probabilidad de que el peligro alcance al consumidor final.
  • Fragmentos de vidrio de más de 2 mm y piedras en legumbres son considerados peligros críticos por su baja detectabilidad y alto potencial de daño.
  • El control preventivo de peligros físicos requiere mantenimiento regular de infraestructura, protección de equipos mecánicos, y gestión cuidadosa de empaques.
  • La legislación europea y española requiere procedimientos documentados de control y, en caso de contaminación física detectada, notificación a autoridades sanitarias.
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